Elecciones presidenciales en Chile y algunas lecciones

Elecciones presidenciales en Chile y algunas lecciones

REDAÇÃO

03 de janeiro de 2022 | 17h23

Pablo Monje-Reyes, Licenciado en Ciencias Políticas, Magíster en Gestión y Políticas. Investigador Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz, ICAL – Chile

En Chile, el año 2021 ha terminado con las elecciones presidenciales en segunda vuelta con el aplastante triunfo de la coalición Apruebo Dignidad (pacto que incluye a los partidos del Frente Amplio, al Partido Comunista, al Partido Regionalista Verde Social y a otros movimientos sociales), en donde se impuso con su candidato Gabriel Boric (55,87%) al ultraderechista José Antonio Kast (44,13%).

Cabe preguntarse; ¿qué caracterizó este triunfo de la izquierda chilena? Primero, las cifras sorprendentes de participación electoral, ya que votó el 55,3% de los ciudadanos habilitados para sufragar, es decir, fue del orden de 8.314.173 las papeletas en un padrón de 15.030.974 de votantes (en Chile el sistema electoral es de voto voluntario), así, se registró un 4% de electores más que el reciente plebiscito del apruebo o rechazo que dio paso a la formulación de una nueva constitución para Chile. Esta es -lejos- la elección más participativa en los últimos 30 años. Segundo, el actual presidente electo es el más votado en toda la historia republicana de Chile con 4.596.170 votos. Tercero, la participación de las mujeres fue decisiva en el resultado en favor del candidato de Apruebo Dignidad, “el grupo etario que más participó en la segunda vuelta fue el de las mujeres entre 30 y 50 años” (Decide Chile, 2021, pp.7) y, Gabriel Boric, se impuso en todos los grupos etarios menores de 70 años, en los jóvenes menores de 30 años ganó con una brecha de 28 puntos en hombres y de 36 puntos en mujeres al candidato de la ultraderecha. Las estadísticas electorales dan cuenta de un triunfo categórico e inobjetable.

Otra interrogante que resulta evidente es; ¿qué motivó a que el pueblo chileno saliera a votar masivamente por el candidato de izquierda? Ciertamente se pueden aventurar un par de hipótesis que nos dan las directrices centrales del camino explicativo respectivo.

Lo más formal y necesariamente lo más clásico y reiterado en los análisis de resultados de ambas campañas, es que la elección de la segunda vuelta fue una elección totalmente distinta a la primera, así, la elección la perdió el ultraderechista Kast por sus evidentes y reiterados desaciertos comunicacionales y programáticos y -sobre todo-, por sus brutalidades argumentativas en contra de sectores de las diversidades culturales, en contra de las mujeres y por su anticomunismo cavernario. Y, por el contrario, Gabriel Boric ganó por sus aciertos en su redefinición de campaña, en sus aciertos programáticos y por lograr construir una alternativa creíble con rostros de mujeres y hombres que se la jugaron el todo por el todo en esta nueva campaña. Ambos axiomas son verdaderos y evalúan y explican el resultado de esta elección.

Otra hipótesis de carácter más histórico y que tiene una trazabilidad analítica más en un orden sociopolítico, son los paradigmas que han dominado la confrontación política post dictadura en Chile. Un dato relevante al respecto es que en el plebiscito del año 1988, en la consulta para terminar o no con la dictadura cívico–militar, los resultados en términos porcentuales fueron para la opción del Sí (continuar con la dictadura) de un 44,01%, y la opción No (terminar con la dictadura) alcanzó un 55,99%. De esta manera, los resultados de la segunda vuelta presidencial de este reciente 19 de diciembre 2021 son del mismo carácter, dos opciones frontales con resultados básicamente similares con diferencias mínimas. Entonces, a partir de estos datos emergen aquí algunos interesantes elementos para el debate.

Veamos un par de ellos; la notable capacidad del pueblo de mirar más allá de la variopinta oferta de políticas públicas de campaña, ya que es desde esa madurez colectiva propia de una conciencia social en desarrollo, de donde surgen las identidades, la memoria, las luchas históricas y, en el centro y como síntesis, la disputa objetiva hoy en Chile entre democracia o fascismo. Así, el pueblo reconoce los avances en derechos políticos, sociales, económicos y culturales que se han logrado con democracia.

Una democracia ralentizada, es cierto, pero, a pesar de esta democracia de baja intensidad, se han logrado importantes conquistas sociales que se encontraban amenazadas con la eventual entronización de una ultraderecha integrista, de un nacionalismo fascistoide con un discurso abiertamente oligárquico en su versión más populista. A lo anterior se agrega que el pueblo, mujeres y hombres, cuando perciben el peligro de la represión, del “orden” como disciplina y como factor social valorado por la derecha para no ceder más avances y para criminalizar la protesta social, este pueblo, esta ciudadanía estuvo y está atenta y despierta, comprendiendo que sus movilizaciones son el único instrumento que ha tenido para lograr avances democratizadores, sabiendo que su presión social no debe perderse para que no se vuelva a la oscura noche de la represión brutal y mortal en las poblaciones y calles de la patria, para que no se penalice a las mujeres por sus derechos, ni a las diversidades culturales, ya que en sus movilizaciones masivas y apabullantes radica la clave para que los derechos sociales y laborales alcanzados y por conquistar se respeten y profundicen.

Esta es la fuerza que el pueblo chileno expresó en la última elección presidencial, mostrando su potencial transformador y siendo capaz de hacerse escuchar claramente. Y en un subtexto de esta gran movilización electoral, este mismo pueblo manifestó después de muchas y masivas movilizaciones sociales de protestas y demandas, no estar dispuesto a que esta fuerza, su fuerza, se diluya o se vuelva a dilapidar, como se hizo en la década de los noventa cuando los sectores de la centro izquierda agrupados en el “Pacto de la Concertación de Partidos por la Democracia”, secuestraron por 30 años la participación popular y se jugaron por la desmovilización social optando por la negociación entre cuatro paredes en complicidad con la derecha y los grandes grupos económicos. Esa política de los “consensos” es la que se agotó terminando de fracasar y así lo hicieron saber las intensas y extensas movilizaciones populares que se inician en octubre 2019, movilizaciones que pusieron en jaque al modelo socio político y económico con su andamiaje institucional, y que se traduce hoy en la macro política chilena con el inapelable mandato popular para redactar una nueva Constitución Política para la República.

En síntesis, si esta hipótesis político-histórica es correcta, una de las principales lecciones a rescatar es que el pueblo no se manifiesta con discursos ni con intenciones, y tampoco mediante voceros ni “representantes”, sino, responde asertiva y categóricamente desde sí mismo con una potente capacidad de movilización social y electoral cuando se ve enfrentado a la disyuntiva democracia v/s fascismo. Por último y como conclusión final, esta lectura de los resultados la izquierda debe tenerla siempre muy clara y muy presente cuando se disputa el poder, pues, la desmovilización del pueblo definitivamente sólo beneficia a los poderosos y vacía absolutamente de sentido y contenido el discurso transformador de la propia izquierda.

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